El rol de la actitud en el aprendizaje de lenguas extranjeras

El lenguaje es algo más que un instrumento pasivo de la expresión de nuestras ideas. Es, también, nuestro mejor mecanismo para la formación de actitudes ante lo que nos rodea. Y cuando lo que nos rodea es una situación lingüística que exige de nosotros, o los demás, un determinado tipo de comportamiento lingüístico, el análisis de nuestras actitudes sociales hacia la/s lengua/s y hacia el propio contexto socio-político-cultural de esa/s lengua/s debe ser tenido en cuenta muy especialmente.

       Resulta evidente que la comunidad, en su amplio conjunto, influye de maneras diversas. Lo hace mediante la proyección de sus propias expectativas culturales con respecto a los hablantes de la lengua extranjera, al país donde se habla la lengua y al valor otorgado a esa lengua (Corder, 1978).

       La consideración básica de los estudios realizados por Gardner y Lambert en Estados Unidos, Canadá y Filipinas en torno al aprendizaje de una lengua extranjera (L2) es que, de igual manera que la actitud hacia el propio grupo etnolingüístico a que pertenece un individuo afecta a su aprendizaje en general, así también le sucede a su actitud en relación al nuevo grupo.

La particular influencia ejercida por la actitud emocional de quienes aprenden una L2 ha sido puesta de relieve en numerosas investigaciones que señalan interesantes aspectos psicológicos y clínicos del proceso de aprendizaje de una nueva lengua. Renzo Titone, en particular, ha investigado la actitud negativa que caracteriza el estado de “ansiedad y miedo” del adulto en el aula de lengua extranjera en términos similares a los expuestos por Charles A. Curran, para el estado de la mente en la relación entre “terapeuta y paciente” en psicoterapia.

La ruptura de esta actitud negativa pasa por el establecimiento de sentimientos de seguridad que resuelven el problema inicial de ansiedad, devolviendo la confianza y favoreciendo un desarrollo óptimo de la comprensión y expresión en la nueva lengua extranjera.

Las actitudes e intereses deben ser tenidos en cuenta acompañando al propósito del aprendizaje en toda planificación de cursos.

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(El presente texto ha sido extraído de mi  libro “Enseñar Español con Éxito”, capítulo 1,pág. 23, el que se encuentra en las bibliotecas de Mississauga)